martes, 16 de octubre de 2018

Respetando la Música


  Todos tenemos una canción favorita, una canción que, cuando escuchamos mal versionada, despierta hasta nuestros instintos asesinos. También tenemos una odiada, que nos hace sangrar los oídos cada vez que la escuchamos. Hay otras que se asocian a épocas del año o a décadas. Del mismo modo hay algunas canciones que, por su alcance, por su representatividad o por cualquier otro motivo, se consideran míticas. No es necesario que nos gusten, pero se conocen, se asocian con sentimientos casi de forma universal, como por ejemplo “Nothing else matters” o “Unchained melody”
  En realidad, no importa si es una canción instrumental, o con coro de voces y orquesta completa. Tampoco importa si se trata de bailarla, tocarla o cantarla, aunque este articulo trate sobre todo de bailar. Se trata de comprender y respetar las canciones al interpretarlas.
 
                                               

   Al bailar, la coreografía debe formarse coordinando todos los elementos junto a la creatividad del coreógrafo, de lo contrario pierde su sentido. Algunos de los más importantes son:
- Melodía. La voz del cantante no siempre sigue el ritmo, de hecho, puede llevar una temporalización completamente diferente, como en el caso de las canciones de Cramberries.


- Letra. La historia que cuenta una canción, la entonación, el sentimiento que provoca influye en quien la escucha. ¿Os suena cuando alguien dice de Sabina que no les gusta pero que sus letras son muy buenas?
- Instrumentalización. Contra más instrumentos tenga un tema, más complicada será. No es lo mismo interpretar una canción tocada por un cuarteto de batería, bajo, guitarra y voz que por una orquesta completa.
- Bass (si tiene elementos electrónicos)
- Ritmo
  Se pueden buscar muchos elementos en las canciones, estos solo son unos pocos a tener en cuenta y se pueden abordar de maneras muy diversas.


  Las canciones proyectan temas y sentimientos de forma muy concreta y especifica. La representación debe respetar eso, tanto o más que el ritmo y la instrumentalización. Una coreografía demasiado energética con una canción triste o melancólica sería completamente ilógica del mismo modo que lo es una demasiado estática con uno con un ritmo rápido o una demasiado emocional con una canción que no lo sea. Conocer la letra y atenerse a ella no es imprescindible, pero tener en cuenta lo que quiere expresar, si lo es.


  Seguir el ritmo de la canción es fundamental. Una coreografía que no lo sigue pierde todo el sentido y es casi imposible de reproducir pasado un tiempo. Lo más sencillo a la hora de tener en cuenta el ritmo es buscar la batería, el bass y/o el bajo, ya que son los elementos que llevan y mantienen los tempos de las canciones. Los coreógrafos con experiencia utilizan varios elementos para el conteo, pero si la canción es complicada o no se tiene mucha experiencia, lo mejor es atenerse a un solo elemento, como máximo dos. La batería es el más sencillo para guiarse y poder estudiar las frases musicales.
                                                                      

  Escoger la canción que se quiere coreografiar es importante. Es el primer paso y casi el más importante, porque a través de esa elección se enfoca el modo de bailar. El motivo normalmente es porque un tema determinado nos gusta, por que encaja con un determinado espectáculo en el que se va participar o porque nos provoca un sentimiento concreto que se quiere intentar expresar.
  Siempre hay que tener cuidado al trabajar con cualquier canción, pero cuando se trata de temas muy conocidos se debe ser muy cuidadoso. Por extraño que parezca contra más conocida es una canción, más difícil será tener una buena aceptación, puesto que cada persona tendrá una imagen de lo que encaja o no, una reacción concreta al escucharla y un sentimiento hacia ella, bueno o malo. Y nunca va a ser lo mismo para una persona que para otra, puesto que son elementos totalmente subjetivos.
  Además, es más fácil que otras personas también las escojan. Sobre todo si son las de moda en ese momento.



 Escoger una canción mítica es un riesgo mucho, mucho mayor. Debido al alcance que tienen, van a ser observadas y analizadas por el público hasta el más mínimo detalle y todos los elementos con los que se juzgan las canciones conocidas se ven magnificados. Hay que tener en cuenta que, si una canción tiene de alguna forma esa categoría, es porque la gente, los fans (del grupo o de ese tema), son quienes la han elevado a ese punto. Ese es un elemento extra a tener en cuenta, a respetar.
  Cuando lo que se escoge es la canción favorita los riesgos son muy diferentes. El principal es que no sea tan estudiada como debiera. Es fácil dejarse llevar por el entusiasmo, por el “me gusta cómo queda esto” y descuidar la técnica. Irritantemente fácil.


                                   
 

  No se trata de encorsetarse, de hacer un paso con cada golpe de batería. Se trata de tener en cuenta el ritmo, la voz, la temporalización y la letra. Se trata de hacerlo bien y con el mayor de los respetos; y aunque esto pudiera parecer fácil, no lo es en absoluto. Se trata de otorgar el mismo valor o más a la música que desearíamos que se diera a nuestro baile.
  Y de aprender a disfrutar haciéndolo.

Fdo: Kuroeve Tribaldance

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