¿No os ha pasado ver a un bailarín y pensar
“no me llega”? Es por que no hay una transmisión de lo que está contando. Falta
expresión
La expresión es una de las herramientas más
importantes en cualquier estilo de danza, y, aunque pueda sorprender, es una de
las más difíciles de manejar. No se trata solo de poner caras tristes con una
canción lacrimógena o sonreír como un perturbado con una alegre. Se trata de
utilizar todo el cuerpo como una herramienta de comunicación sin perder lo más
mínimo la técnica. Contar algo y que realmente llegue, que entiendan lo que tú
estás interpretando.
Obviamente no es tan importante cuando
estamos realizando sectores más técnicos, pero aún en estos momentos debe
utilizarse, aunque sea de una forma mínima.
Ahora bien, ¿qué expresar? Esa debería ser la
primera pregunta.
Durante un taller con Idhún, una de las
bailarinas más expresivas que he tenido el privilegio de conocer, nos dio uno
de los mejores consejos al respecto: Túmbate, escucha la canción un millón de veces
y observa qué es lo que te hace sentir.
Puede parecer un consejo simple, pero no
puedes transmitir (sin ser un actor profesional y ella sí que ha estudiado arte
dramático) algo que no sientes. La conexión entre la canción y tus pensamientos
y sentimientos es fundamental.
Obviamente ninguno somos actores profesionales
o hemos estudiado arte dramático (eso sería deseable y práctico, pero en fin…),
sin embargo, hay pequeños patrones que pueden seguirse para conseguir que el
público sienta con nosotros lo que estamos tratando de contar.
• Simplifica: Contra más complejo sea lo que
deseas contar, más difícil lo vas a tener para transmitirlo correctamente y más
difícil será entenderte. El público no va a ser nunca capaz de entender todo lo
que estas contando. Contra más simple sea tu historia, más podrán apreciarla.
• Define:
Los personajes tienen características concretas que pueden ser representadas a
través de movimientos y de gestos. Un elfo se moverá constantemente, con gestos
amplios y elegantes, mientras que un fantasma o un espíritu tendrán movimientos
rotos, más internos y con desplazamientos lentos y pausados, y una niña
traviesa probablemente tenga gestos juguetones y utilice algún que otro salto.
Aunque te estés interpretando a ti mismo (eso no es muy conveniente y si algo
egocéntrico) habrá movimientos y gestos que te caractericen.
• Organiza: Las
canciones tienen una estructura y es conveniente usarla para organizar
cualquier tipo de coreografía. En expresión ocurre igual. Es conveniente
mostrar al personaje durante la intro de la canción, y si quieres contar una
historia (si no tienes experiencia en expresión, es meterte en camisa de 11
varas) debes dividirla en sectores y encajarlos con las diferentes estrofas.
• Siente: Los
sentimientos son bastante más difíciles de expresar, pero llegan de una forma
más definida al público. El espectador siempre va a poder entender las
emociones más básicas alegría, la tristeza, el miedo, sobre todo si en el
momento de bailar te sientes exactamente así. El “créete el personaje” se
aplica aquí al 100%. Las emociones más complicadas también llegan, pero causan
algo más de confusión si no se definen bien (por ejemplo confundir nostalgia
con tristeza)
• Relaciona:
Aunque parezca evidente, muchas veces no lo es. Escoger la música, el vestuario
y los complementos adecuados son fundamentales a la hora de contar o transmitir
algo. Si quieres contar una historia feliz, pero utilizas una canción gótica o
un vestuario blanco con cadenas en las muñecas mientras te mueves de un lado a
otro del escenario dando saltitos, probablemente la gente no entienda la imagen
que pretendes transmitir.
Todo esto, claro está sin perder la técnica.
Y sin olvidar el rostro. Es tremendamente
fácil preocuparse por los gestos, los desplazamientos y olvidarse de que la
cara es parte de todo el conjunto. De hecho, es una de las herramientas que
mejor conectan con el público y, sorprendentemente con uno mismo. El poner un gesto facial (no forzado) puede
ponerte en contacto directo con la emoción necesaria para el sector que quieres
trabajar.
Aunque sería fácil y deseable
animaros a experimentar con emociones e imágenes y movimientos que las definan,
sin una base que ayude, puede ser complicado. Cada estilo de danza llevará sus
propias normas en cuanto a movimiento y técnica, pero hay ciertos tips que
pueden ayudar y que casi siempre se cumplen en cualquier estilo.
• Las emociones negativas, como la tristeza,
suelen acompañarse de movimientos hacia adentro, buscando o imitando la
introversión.
• Las emociones positivas, como la alegría,
suelen relacionarse con movimientos amplios y siempre hacia el exterior.
• Las
emociones fuertes, como la ira, llevan mucho desplazamiento y movimientos
secos.
• Los
sentimientos felices, como el amor, se suelen relacionar con movimientos
sostenidos y amplios.
Con esto solo queda experimentar, poner
muchas caras en el espejo y no sorprenderse demasiado cuando trabajas con una
emoción y esta se queda en ti. Todo aquel que trabaja en expresión ha acabado
llorando en algún momento por conectar demasiado con una emoción muy profunda.
Lo importante es que al final, se quede en el
escenario.
Fdo: Kuroeve TRibaldance
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