lunes, 12 de abril de 2021

Ratoncillo de Biblioteca: Comentando un autoreto lector

 

 

La gente que me conoce sabe que soy una persona bastante lectora. Un auténtico ratoncillo de biblioteca que saborea con el mismo placer un clásico de la literatura que una obra actual. Por eso nadie se sorprendió cuando el año pasado dije que me había impuesto como autoreto leerme en ese año todas las obras de teatro de William Shakespeare. Especifico aquí lo de las obras de teatro porque Shakespeare (Will para los amigos) también escribió muchos poemas y esos no entraban en este reto. En el próximo, ya veremos.

A pesar de haber leído más de un clásico, y más de 10 también, esta prueba autoimpuesta resultó ser mucho más dura y difícil de afrontar de lo que esperaba. Fue todo un ejercicio de comprensión y de visión histórica como mujer, como lectora y como persona de este siglo. Me explico.

Como lectora fue todo un desafío. Leer teatro siempre tiene un punto de dificultad. No es tan fácil visualizar las escenas y el ritmo al que ocurre la acción acaba siendo más intuitivo que explícito. La prueba es que, al ver en película alguna de las obras, la impresión siempre es distinta al texto escrito. Al margen, la colección tenía unos prólogos muy interesantes, pero también bastante densos. Esas introducciones eran distintas en cada libro, tanto los autores como el modo en el que se concebía y redactaba, pero básicamente constaba de un contexto histórico y un pequeño análisis de la vida de Shakespeare en el momento de escribir cada obra. En algunos de los casos también podían traer curiosidades de la sociedad londinense o de la puesta en escena de la obra. Complicaba bastante el leerlo, pero también servía para aclarar y comprender muchos puntos de los textos.

También me encontré con una pequeña dificultad, medio arreglada la mayoría de las veces por los pies de página o por las introducciones. Se trata de las bromas y los juegos de palabras. Estos evolucionan a la par que el lenguaje y la sociedad y en las obras más orientadas al humor, lógicamente, abundaban. El problema es que son imposibles de traspasar desde el inglés antiguo y con un texto en verso al castellano actual en prosa sin una enorme pérdida de contexto.



Como alguien que vive en el siglo XXI es dificilísimo ponerse en la situación de los personajes. Las relaciones que se creaban entre las personas en el siglo XVI son completamente diferentes a las de hoy en día. Un ejemplo muy evidente es la amistad entre los hombres. En la literatura de la época las amistades podían salvarte la vida, un juramento implicaba el honor y el honor era más importante que cualquier cosa, más incluso que la familia.

Otra de las diferencias fundamentales es el nacimiento de las parejas. Si un chico quería acercarse a una joven, debía ser con el beneplácito del padre de ella. Esto derivaba en un trato económico y social entre el padre y el novio y, si ella aceptaba, en una boda casi inmediata. Y eso, si es él el que se acerca. En algunos casos, es un amigo del novio el que corteja la joven y habla con su padre en nombre del interesado.

Actualmente no podemos entender algo así, pero en aquel momento relación y matrimonio eran una única cosa. Las parejas se conocían, enamoraban y casaban en un lapso de tiempo muy, muy corto. Y el enamorarse podría considerarse como algo relativo. Una de las cuestiones fundamentales en esos matrimonios era la dote de la novia, cosa a tratar antes del compromiso.

Las excepciones solo se daban si la relación en ciernes no tenía pinta de ser aprobada por el cabeza de familia. En esos casos la pareja nace a escondidas, normalmente con ayuda del ama de ella y del chambelán de él y el papel de ella acaba mostrándose como bastante más fuerte que el de él. Esto se debe a que las consecuencias que pueden recibir los dos son distintas. Por regla general a él se le destierra (o similar) y a ella se le presiona. Al desaparecer de delante de la familia de ella, él solo sigue con su vida hasta el momento de reencontrarse, en ocasiones manteniendo el contacto a través de un amigo cercano o un criado. Sin embargo, ella se suele ver sometida a una constante presión: ser desheredada, ingresar en una orden religiosa, echarla de la casa familiar, ser repudiada… cualquier cosa con tal de que renuncie a la relación o al matrimonio en favor de alguien más adecuado según los estándares familiares.

Una de las pocas excepciones a estas dos normas es la pareja formada por Benedicto y Beatrice (“Mucho Ruido y Pocas Nueces”). Ellos se enamoran de forma natural y solo lo manifiestan por la broma de los demás. Esto solo es posible porque Beatrice no es realmente hija de Leonato, si no una sobrina huérfana a la que ha criado desde que era muy niña. Eso le otorga una libertad y rango de acción mucho más amplio que el de Hero, su prima, que vive bajo las reglas que se espera que siga. Beatrice dice lo que piensa, mientras que Hero solo parece hablar cuando alguien se dirige a ella. Otra cosa curiosa de esta pareja es que su romance acaba bien. Son muy pocas las parejas que, enamorándose de forma lenta y progresiva, logran llevar a buen término su relación. El mayor de estos ejemplos es el de Otello y Desdémona. Ellos también se enamoran de forma lenta y sosegada, a base de conversaciones y sinceridad (es una relación mucho menos divertida que la de Benedicto y Beatrice) pero su historia, en vez de acabar en una gran fiesta, acaba en tragedia.



Como mujer ha sido lo más difícil. El papel de la mujer ha cambiado como la noche al día. En el teatro de nuestro amigo Will la mayoría de las mujeres tienen un papel aparentemente pasivo y sumiso ante sus padres, maridos y la mayoría de los varones. El resto lo es definitivamente.

¿Por qué aparentemente? Porque poniéndote en el contexto histórico y social adecuado ves que son mujeres fuertes, que tratan de pelear hasta el nivel que la sociedad y su educación las permite y, en muchos casos, superando ese límite. Eso sí, sin combatir ni coger una espada para nada más que completar su atuendo cuando se ven obligadas a vestirse de varón, normalmente para perseguir a un hombre o para huir de otro. No debemos olvidar que estamos en el siglo XVI, y las mujeres son dulces, delicadas y débiles físicamente hablando. Y la clave es “físicamente”, porque también tenemos en estas obras mujeres de una crueldad más que brutal. Como pequeña muestra tenemos a las asesinas Lady Macbeth (“Macbeth”), Tamora (“Tito Andrónico”) o Gonerila y Regana (“El Rey Lear”).



En muchas de las obras el papel pasivo de la mujer es muy diferente. Ellas son las guardianas del honor, el sostén emocional, las maestras de una vida más pausada y tranquila y el principal motivo de alegría. En “Las Alegres Comadres de Windsor” la Señora de Page soporta todos los avances de Falstaff, burlándolo y poniéndolo en ridículo guardando el honor de un marido celoso sin motivo alguno, Catalina de Aragón (“Enrique VIII”) guarda el honor del Rey Enrique incluso cuando este la repudia y se casa con otra, Isabella y Mariana (“Medida por medida”) montan todo un engaño para salvar a Claudio y contentar a Angelo

Y eso dejando al margen el tema de la edad, que es uno de los detalles que más chocan con la vida moderna. En “Romeo y Julieta”, Los padres y el ama de Julieta, explican que ella ya ha cumplido los 14 años y que debería estar casada porque hay chicas con esa edad que ya son madres. La mayoría de las protagonistas femeninas de las obras o las mujeres de las parejas tienen aproximadamente esa edad. Dejando al margen las madres y amas de estas, y pequeñas excepciones, claro.



Un tema recurrente en las obras de Shakespeare es el de la mujer que se viste de hombre para lograr un objetivo. Los motivos son diversos, pero principalmente se trata de sobrevivir, conseguir justicia o seguir al amor de su vida. Para ello se ven obligadas a vestirse de mancebo (joven imberbe) para poder actuar en un mundo de hombres, medio en el que normalmente no les estaría permitido apenas hablar y que les resulta tan intimidante como desconocido. Hay muy pocas excepciones a este miedo cerval. La principal para mi es Viola (“Noche de Reyes”). Ella se viste de hombre tras quedarse sola debido a un naufragio. El barco en el que ella viajaba junto a su hermano gemelo se hunde debido a una increíble tormenta. Ambos sobreviven alejados el uno del otro y creyendo muerto al otro. Viola es rescatada y llevada a tierra, donde se viste de hombre para ganarse la vida al servicio del Duque. Ella no está huyendo, ni busca arreglar un problema o encontrar a alguien. Ella se comporta de una forma completamente autosuficiente y es capaz de dejar al margen cualquier sentimiento que tuviera por el Duque con tal de mantenerse en su papel. No pongo a Porcia (“El Mercader de Venecia”) como ejemplo principal de este comportamiento debido a que, si bien demuestra tener capacidad de ser autosuficiente, cuando se viste de abogado junto con su criada Nerisa, lo hacen para salvar al amigo de su marido.



Como digo ha sido todo un reto. Uno inmenso del que he salido con sentimientos muy contradictorios. Me han encantado casi todas las comedias, he disfrutado casi todos los dramas y las históricas casi siempre me han resultado pesadas.

 

LADY KURONEKO