Cuando fui a ver
“Presas” solo tenía dos cosas claras. Que el argumento era tan interesante como
complicado y que el grupo es amateur. Precisamente por ello me sentí tan
impresionada, tanto por la actuación como por la historia.
El trabajo de los actores
fue brutal en el sentido más amplio de la palabra. No es solo que estuvieran
realmente metidos en el papel, es que se notaba el inmenso trabajo que llevaban
encima, tanto de introspección, como de estudio y de investigación histórica.
La actuación no es que se viera perfecta, algunas cosas, no acababan de verse
bien, pero lo cierto es que esos fallos, si se pueden llamar así, importan bien
poco. Y no hay que olvidar que es un grupo amateur. La actitud de los actores
fue totalmente profesional a pesar de la inexperiencia general del grupo (el
que más, tenía 3 años de práctica de teatro).
El guion de la obra
originalmente se creó para la Escuela De Teatro de Madrid, y al conocerla, Rosa
La Sierra, la directora, decidió subirla al escenario del Teatro de las
Esquinas mediante el trabajo de la asociación Locos Por Actuar. Es increíble
como el simple deseo de actuar, combinado con una buena dirección y mucho,
mucho trabajo, de semejantes resultados.
Rosa ha sabido explotar el talento, la personalidad y las ganas que
tenían sus alumnos de representar algo importante. El grupo pasó de una clase
de dos horas a la semana a tres clases, en total seis horas a la semana. Seis
horas que hay que combinar con trabajos, familia y demás.
La obra era dura, larga,
difícil y visceral. El drama suele ser difícil de trabajar en cualquier ámbito;
cuando se combina con estos otros elementos y en algo tan complejo como el
teatro, se vuelve mucho más que difícil, y duro, muy, muy duro. La alegría
suele ser contagiosa, el drama no. Si no puedes hacer que el público empatice
contigo desde el primer momento, has perdido y cualquier esfuerzo posterior es
en vano
Por eso es que
impresiona tanto semejante resultado…
El guion me pareció,
a falta de una expresión más acertada, muy humano. A pesar de que la acción transcurre
en una cárcel franquista, no se trata una obra política o partidista. Si la
historia en si no lo decía, los personajes y las situaciones lo dejaban muy
claro. Aquí no hay personajes blancos o negros, solo distintos matices de
grises, algunos de ellos realmente oscuros, y un deseo de libertad tan fuerte
que casi duele al espectador.
La historia trata de
una cárcel, administrada por un hombre destrozado por el abandono de su mujer
llevándose al hijo de ambos. En aquellas celdas frías y sucias, varias mujeres
malviven como pueden, encerradas por los más diversos motivos, algunos de ellos
impensables hoy en día. Las presas son asistidas por monjas, cada una de las
cuales lleva el sufrimiento y el tiempo como pueden, y por un médico, frustrado
al intentar de forma inútil vencer al dolor y a las enfermedades, sin
medicamentos o simplemente unas mantas. En este ambiente, la esperanza la trae
el Jubileo de San Perpetuo, que se celebra una vez cada diez años y en el que
se ofrece un único indulto a una presa.
Al margen del guión,
en la obra hay dos factores muy interesantes.
El primero es la
escenografía. Toda la obra transcurre en un decorado mínimo: una plataforma
elevada para el alcaide, una segunda altura para el médico y el resto a ras de
suelo, con unos bancos para sentarse o dormir. La parquedad del escenario deja
el peso de la obra por completo al talento de los actores y estos no defraudan.
El segundo factor es
la representación del sufrimiento de la mujer por ser mujer. No solo la tortura,
la humillación o la violación, también realidad social de un único tipo de
mujer, un único papel, un solo modelo fuera del cual la mujer es malvada,
manipuladora y, sobre todo, culpable.
Las presas que
habitan la cárcel están allí por varios motivos y cada uno de ellos representa
un estilo de vida, con sus dramas y sus esperanzas. Cada una de esas reclusas
simboliza un tipo diferente de mujer y ninguna de ellas encaja en lo que la
sociedad de la época esperaba y toleraba:
-
La Víctima
inocente, engañada por el novio y abandonada a su suerte en aquella cárcel,
permaneciendo aún enamorada, quizás como método para enfrentar el miedo y la
tristeza, y capaz de asumir la culpa con tal de librar a su novio de la pena de
muerte.
-
La Gitana,
declarada ella misma como ladrona. Fuerte y orgullosa siempre, sin miedos ni pelos
en la lengua, y con la ilusión de la familia que la espera fuera.
-
La Asesina
maltratada, abandonada por la sociedad a los golpes y abusos de su marido,
hasta que no puede más y lo mata en un momento de desesperación. No tiene nada
más que perder.
-
La Comunista,
luchadora, buscando la verdad detrás de las acciones, aunque no le guste lo que
encuentre, y asumiendo la culpa y la sangre en sus manos. Ama a su familia y
les manda cada real que gana con su trabajo en la cárcel.
-
La Prostituta,
que empezó a ejercer de niña, y que solo desea cumplir su condena y comenzar de
cero como una mujer diferente, respetable y religiosa, con un marido y una
familia en lugar donde nadie la conozca.
-
La Anarquista
Manca para la que solo es importante su familia y en concreto su hermano
pequeño, al que considera lo más valioso que tiene y que no desea que su él la
visite en la cárcel por que no soporta que la vea así.
-
La Adultera,
enamorada y embarazada, que solo desea dejar a su marido, tener a su hijo y
vivir al lado del hombre del que se ha enamorado, aunque sea una vida de
miserias.
-
La Loca,
acusada de matar a su bebe, encarcelada y abandonada a su suerte por su todos, cuando
debería estar en un hospital y que malvive llorando por su hijo, abrazada a un
muñeco.
-
La Madame,
antigua señora de un prostíbulo, acostumbrada a tener el control y a ejercerlo
sobre los demás, por lo que no se siente intimidada ante nadie.
Las monjas también
son tan representativas como distintas entre sí. Las tres llevan diferentes
tiempos enfrentando la vida de la prisión y, debido a ello, su carácter está
más o menos influenciado por el paso del tiempo y la exposición al sufrimiento.
Podría pensarse que son como un único personaje en tres diferentes momentos del
tiempo y la fe. Debido a esto, su trato con las presas es muy diferente.
-
La más joven,
dulce y buena, casi recién salida del convento. Siente piedad ante todo y
todos, pero eso no evita que siga las indicaciones que le dan sin protestar,
aunque después rece y llore, sintiendo que es lo único que puede hacer.
-
La madura,
firme y tranquila, con sus dudas y su sorprendente inteligencia, disimulado
todo por su gran prudencia. Lleva ya un tiempo, y no siente tanta piedad ante todo
lo que se da a su alrededor, aunque no es indiferente a los hechos.
-
La mayor,
con su corazón convertido en piedra por los años de servicio en la cárcel, que
aún recuerda cómo era sentirse abrumada por el continuo sufrimiento y lo único
que puede hacer es protegerse y seguir adelante, intentando que las cosas
simplemente funcionen.
Los personajes de
las monjas me sorprendieron mucho. Ellas están inmersas en otro tipo de prisión
muy diferente. Es una prisión sin barrotes y socialmente aceptable, pero son
víctimas igualmente. La monja Madura es
asaltada por dudas continuamente, incluso en la fe que ha abrazado, pues no ve
ninguna justicia a su alrededor. Ella sostiene una interesante conversación con
la Comunista, a solas en la celda de castigo, porque allí solo eran dos
mujeres, y fuera de ese agujero son enemigas. Ese respeto mutuo demostrado en
la oscuridad, desaparece a la luz del día, cuando ya no son dos mujeres a
oscuras, si no una reclusa y una monja.
La monja Joven es un
personaje triste. La ves y sabes que su futuro es, inevitablemente, endurecerse
y volverse arisca, es la única forma de poder aguantar invierno tras invierno,
y ser asaltada por las mismas dudas que tiene la Madura. Es un destino ya escrito
por el sufrimiento que hay tras los barrotes. Ella intenta por todos los medios
conseguir recursos para las reclusas (mantas, leche, toquillas, …) y escribe
las cartas a las familias de las que no saben leer ni escribir, como, por
ejemplo, la gitana. Esta piedad hace que se sienta desbordada continuamente por
que mire a donde mire hay o sufrimiento, o indiferencia.
La monja mayor me
pareció un personaje bastante complejo, mucho más de lo que parece a simple
vista, En el pasado era piadosa, queriendo ayudar a toda costa, pero la
realidad se impuso ante ella. ¿Cómo ser dulce y buena cuando ves a los niños
morir en el pabellón de las madres? ¿Cuándo sabes los delitos que han cometido
algunas de ellas? ¿Cuándo hagas lo que hagas nada va a cambiar? Desea volver a
sentir esa piedad inocente, ese deseo de ayudar, pero no puede. Lo único que le
queda es cumplir con su trabajo y con las ordenes que le dan, aunque algunas de
ellas sean horribles.
En la obra también hay
cinco personajes masculinos, que contrastan vivamente con las mujeres a pesar
de que su papel les encierra igual. Ellos tienen más poder y libertad que
ellas, pero los hombres que tienen conciencia se saben presos, sin barrotes,
pero tan encerrados como las mujeres a las que guardan y con las que colaboran
y conviven.
-
El Doctor,
que solo desea ayudar y se encuentra en una situación insostenible. Es un
personaje ateo, pero con una piedad inmensa (al que obviamente acusan de
aprovecharse de las presas) y un deseo de ayudar absolutamente feroz, hasta el
punto de jugarse su carrera y su reputación en su afán por conseguir hacer algo
bueno.
-
El Alcaide,
orgulloso de su carrera, pero atrapado en un destino sin salida. Su mujer lo
abandona, llevándose a su hijo, ante la imposibilidad de vivir en un sitio tan
árido, frio y con tantos lamentos. El único consuelo a su soledad es la monja Mayor,
a la que admira y respeta
-
El Abogado,
que solo vela por su carrera y su cliente, en la que está personalmente
interesado, aunque ella le rechace.
-
El Maestro,
falso buen hombre, hipócrita, pero con buena fama. Todos pondrían la mano en el
fuego por él, pero en realidad es un personaje dañino que no se responsabiliza
de sus actos.
-
El Sacerdote,
que odia a las presas y se siente superior a todas ellas solo por su hábito y
su fe. Esa creencia de superioridad se ve extendido también al médico, al que
desprecia por su ateísmo.
Con este ambiente
tan opresivo y todos estos personajes los conflictos se ven venir. Estos tres
grupos era inevitable que chocaran entre ellos y la batalla se extiende al
interior de cada grupo, con una única excepción. Las luchas entre los hombres
son mínimas y se resuelven casi en el acto, como si la posición de poder que
ejercen les apartara de los conflictos.
Todas estas luchas
son diarias, pero se ven agravadas por la depresión del Alcaide, que cada vez
va a peor, y la futura vista del Obispo, que ofrecerá un solo indulto. Ante la
posibilidad de recibir la libertad todas están alteradas y escriben cartas al
Obispo, en un afán de influir su decisión.
La que tiene más
problemas sin embargo es la Asesina. Al llevar media vida en la cárcel su
desesperación es absoluta. Ha visto pasar ya varios jubileos y, aunque le causa
pánico salir al mundo, ansia la libertad a toda costa. Debido a ello no le
importa ser la soplona o cumplir todas y cada una de las tareas que le asignen
las monjas con tal de garantizar algo de influencia en su favor y poder recuperar
la sensación de libertad que tuvo al matar a su marido.
La situación en la
cárcel se ve agravada aún más en varias ocasiones. Las reclusas van recibiendo
golpes que las van dejando cada vez más minadas.
Hay escenas
especialmente remarcables por la impresión que producen y el sentimiento
depositado en ellas. La escena de las Cartas al Obispo y a las Familias es
enternecedora, por cómo te muestran las esperanzas y el cariño que guardan como
armas para aguantar la situación, cómo envían el poco dinero que ganan lavando
las sábanas del hospital, y cómo envían esperanza a sus familias a pesar de la
situación que viven. Esta escena tiene como contrapunto la Visita Familiar,
donde tantas de esas esperanzas se rompen y dejan paso a un nuevo dolor con el
que convivir.
KUROEVE TRIBALDANCE
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