miércoles, 20 de septiembre de 2023

Entrevista con Connie Corleone

 

Hace un tiempo estupendo cuando llego a la terraza de “El Corazón Verde”. Allí me espera Maria Luisa Usoz, cantante, compositora y copropietaria del local. Nos sentamos en una mesa y le agradezco el que se haya prestado para esta pequeña entrevista.

Lady Kuroneko: Lo primero que me gustaría preguntarte es algo que siempre me ha llamado la atención. Tu nombre artístico es “Connie Corleone” ¿Está basado en “El Padrino”?

Connie Corleone: Si. Aunque también hay una historia familiar. Mi hermano mayor, cuando era más joven, formó con sus amigos de la facultad un grupo y se hacían llamar “la familia Corleone”. Para ser parte del grupo el requisito indispensable era hacer un viaje con “Il Capo de tutti Capi”, que era Dudu, un amigo de mi hermano. Yo fui con él en coche de Zaragoza a Granada para ver a Bob Dylan. Una vez que hicimos ese viaje, me otorgaron mi nombre Corleone, que era Claudia Corleone porque se les habían acabado los nombres. Connie Corleone era mi cuñada Cecilia, y yo le pedí permiso para usar su nombre Corleone cuando comencé mi proyecto artístico. 

 



LK: ¡Vaya historia! ¡Es muy de “La Famiglia”!

CC: Es todo “Famiglia”. Connie Corleone, que es Constanza Corleone, era la hija de Dom Vitto y hermana de Michael Corleone.

LK: Es la chica que se está casando en la famosa escena de “vienes a mi casa, en la boda de mi hija…”

CC:  Si, eso es.

LK: La verdad es que pareces una apasionada del cine. Incluso el bar que habéis abierto, “El Corazón Verde” tiene nombre de película

CC: Es que el cine de aventuras de los 80 es un subgénero muy divertido. Uno de nuestros sueños es poder pillar un proyector de exteriores y una pantalla gigante para hacer en verano por la noche, en la terraza, sesión de cine de aventuras.

LK: La idea mola mucho.

CC: A ver… De momento no se ha podido.

LK: En tu Web pones que en tus influencias han sido el pop, el folk y el country ¿Cómo llegaste a ello?

CC: También fue por parte de la familia. Mi familia se trasladó a Francia y mis hermanos nacieron allí a mitad de los 60: Conocieron y se criaron con esos estilos. Allí era más fácil imbuirse de la música que venía de fuera de España. Aquí llegaban cositas, como los Beatles, pero no llegaba el grueso del pelotón. Mis hermanos se influenciaron de esos estilos. Cuando mi hermana y yo nacimos ya estaba consolidado ese gusto en casa. Yo pasé mi época rebelde siendo siniestra (era totalmente fan de The Cure) y cuando mi familia estaba harta de música deprimente, mi hermano me regaló una cinta que me había grabado ex profeso y que se llamaba “Country Music Station”. Salían Emmylou Harris, Poco, Linner Skinner, mucha música de los 70, Gram Parsons… No me deshice de mis discos de Joy Division pero volví un poco al buen camino.

LK: Abriste un poco el objetivo…

CC: Escucho de todo, soy bastante ecléctica, pero a la hora de ponerme a hacer canciones me inspiro más en el country. Para mí es sencillo porque tengo formación musical, aunque no acabé los estudios de música; de hecho hace bastante que no toco una partitura, compongo con acordes de guitarra y poco más. El jazz me gusta escucharlo pero no me interesa para componer. Me gustan las canciones redondas y bonitas que duren 3 o 4 minutos, con su intro, su estrofa, su estribillo, su resolución y que sean tu todo perfecto. En una canción de 4 minutos es el formato que más me gusta.

LK: Te preguntaba por tus influencias porque en los 70 no llegaba casi nada de las músicas que te sirven de inspiración, aunque hoy en día tampoco llega demasiado.

CC: Si que tiene su mercado. Es una industria que se tiene sola y España no le hace ninguna falta. Son géneros que en Estados Unidos gozan de una salud buenísima. De hecho salen muchísimos nuevos talentos que siguen esa tradición. Parece que ahora solo se escuchan ritmos latinos, reggaetón, trap, rap… A mi no me interesan pero pueden estar bien. Sin embargo el grueso de la industria americana siguen siendo el folk, el country… Los grandes éxitos que aquí llegan de rebote allí son escuchados por millones de personas. Tienen un mercado interno tremendo de artistas que nunca han pisado Europa y allí son estrellas. En España era fácil seguir esa estela porque había programas especializados, por ejemplo en Radio3 estaba Ramon Trecer que traía mucho Folk americano (por él descubrí a Eva Cassidy). Aparte hubo un resurgir de esos estilos a principios de los 2000 que puso muy de moda los estilos americanos con grupos como los Jayhawke, Willco, Uncle Topelo… Todos ellos venían de los 80 y les dio por girar por España y les gustó mucho. Jayhawke uno de los grupos que más he visto en directo. No es que les siguiera durante la gira, pero es fácil que me viera 2 o 3 conciertos cuando venían. De hecho, alguno de los componentes se quedo a vivir en España. Más o menos ha habido facilidad y ha habido bastante campo de cultivo para ese sonido.

LK: ¿Cuales fueron tus inicios en la música? ¿Cómo comenzaste a componer y cantar?

CC: En casa nos hicieron estudiar música a todos los hermanos. A mi me preparaba mi padre durante el curso y me llevaba al Conservatorio para presentarme por libre a los exámenes cada verano. Empecé estudiando flauta travesera, pero en mi casa la guitarra siempre estaba presente. Mis hermanos habían estudiado guitarra en el conservatorio. Era el comodín que siempre estaba por casa y aprendí a tocarla a base de observarlos. Acabé abandonando la flauta porque me puse un pendiente en la boca y cuando me quise dar cuenta no me llegaba la boquilla. Como de todas formas ya era cantante, pues no pasaba nada. De todos modos esa formación que tuve al final no tuvo nada que ver con que acabase formando grupos y comenzara a cantar. Eso fue a raíz de que, en principio de carrera, cuando estudiaba filología, vi un anuncio en un corcho que ponía “Buscamos voz, preferentemente femenina, para nuestras canciones pop”. Un anuncio muy moñas, muy noventero pero me apunté el teléfono y llamé, porque tenía un amigo que siempre me decía “que bien cantas” y decidí presentarme. Comencé a tocar con estos chicos y así empezó todo, cuando yo tenía 19 o 20 años. Al principio yo no componía, ya que tenían un repertorio hecho, pero defender las canciones de otros, sobre todo los textos, da bastante pudor si no te los crees o si piensas “vaya tontería de letra”. Estuve un par de años cantando cosas que habían escrito ellos, hasta que decidí escribir yo las canciones. Estuvieron de acuerdo y así empecé, primero las canciones y luego comencé a perfilar melodías de voz con Simón, el chico que solía componer.

LK: ¿Ese grupo era “La Ciudad de las Últimas Cosas”?

CC: Si, aunque cuando me uní se llamaban “Lluvia ácida” y el nombre sonaba a que hacíamos heavy. De hecho, mi primer concierto fue en Casetas, en un pub llamado “Okupación”. Nos anunciaron y claro, los heavies vinieron a ver a “Lluvia Acida”. (Se rie) Estaban todos los heavies de la comarca, y les importaba un pepino lo que hacíamos, pero como suelen ser un público bastante respetuoso, al acabar el concierto se mostraron entusiasmados. Fue una experiencia bastante rara pero satisfactoria. Además una de mis amigas ligó con mi guitarrista y fueron pareja muchos años.

LK: Tu primer disco fue con este grupo ¿no?

CC: Si. Grabamos una maqueta en cinta en el 93. El disco lo grabamos en el 96 y fue lo que nos abrió las puertas en las discográficas madrileñas. En su momento yo firmé un contrato editorial con BMG Ariola. Iban a ser los encargados de gestionar mi producción como compositora. Más que sacarme un disco, cosa que no hicieron nunca, su labor iba a ser venderme a otra compañía discográfica. Al actuar como editorial, podían venderme a su propia compañía o a otras. SONY CBS contactó con ellos interesados en contratarme, pero la cosa no llegó a buen puerto. Ese año habían sacado a “La Oreja de Van Gogh” y querían tener una propuesta por si no funcionaban, para tener algo con lo que ocupar el espacio, o, si gustaban, retener a los artistas que podían hacerles sombra y que no los lanzaran otras compañías. Eso son cosas que pasaban en los 90, ahora la forma de grabar y comercializar es diferente. Yo también era muy joven y chulita y no me gustaba que me dijeran lo que tenía que hacer, así que no me salió bien aquello. Si me lo hubieran dicho diez años después quizá habría sabido sacar provecho, pero en aquel momento era una niñata. Aún así me pusieron un estudio para grabar, y músicos de allí…  y aún estuve un año por Madrid después de eso.

LK: Todo esto ya sola, por que en el 98 grabaste como solista y te mantuviste así hasta 2012, cuando formaste a los “Brandi Rippers”

CC: Si. También sucedió que en ese impass, Carmen y yo montamos “El Corazón Verde” y estabamos aquí todo el tiempo. Comenzábamos con un negocio más bien absorbente y complejo, así que me dediqué mas a hacer programación para el bar. He pasado más tiempo programando a otros que a mi misma, y eso suplió un poco mi pasión, pero me apetecía volver a tocar y a estar en los escenarios. Monté los “Brandi Rippers” para tocar canciones que me apetecieran y mis propias canciones que, comparadas con las que llevo en el repertorio cuando toco canciones de otros, pues son una mierda. Por muy bien que se te dé componer, los grandes clásicos siempre van a ser mejores.

LK: Si son clásicos, es por algo…

CC: Claro. Como ahora no me juego nada ni busco nada más allá que mi propia satisfacción y la del poco o mucho público que tengo, pues hago un poco lo que me da la gana. Si que meto canciones propias, pero disfruto más cantando canciones que me gustan.

LK: ¿Es difícil adaptar temas de una voz tan distinta a la tuya como lo es la de Brandi Carlile? Tu inspiración para los “Brandi Rippers”

CC: No. Aunque tengamos distintas formas de cantar, ambas somos contraltos. Además, el género lo conozco bien. Fue un reto, porque ella canta muy bien y utiliza recursos que yo antes no usaba. No sabía que los podía usar, hasta que me puse a ello. Digamos que fue un reto asequible.

LK: La formación se mantuvo hasta 2018 y después pasaste a hacer dúo con Ernesto Cosío.

CC: El maestro Ernesto Cosío, uno de los mejores guitarristas de nuestra tierra y, me atrevería a decir que del país. Hay gente buenísima, pero todos son amigos suyos.

LK: Son tres formaciones muy distintas. Solista, grupo casi tributo y dúo ¿A que se deben esos cambios tan radicales?

CC: Más que radicales, yo diría que es lo que me pide el momento. Ahora mismo, con la edad que tenemos es complicado montar un grupo y sacar tiempo para ensayar cuatro o cinco personas. Yo metería más tiempo de ensayo y además no puedes esperar que en un grupo todos tengan la misma pasión y una misma manera de hacer las cosas. Más que pertenecer a grupos, lo que he hecho es liderar formaciones, así que es normal que no se tengan los mismos gustos ni la misma forma de trabajar. Y también es cierto que, con las edades que tenemos, no voy a estar dando la tabarra a un bajista con la línea de bajo que tiene que hacer o que tengo en la cabeza. Bastante hace que me acompaña y que tiene la deferencia de perder su tiempo. Dejas libertad para que lo toque a su manera, y llega un punto en que dices “pues a tu manera, ya, como que no”. Prefiero reducir el asunto a quedar con un buen amigo y magnifico músico profesional, que además no me pide nada a cambio, más que mi compañía y compartir estos momentos. Con cuatro nociones sabe en seguida por donde quiero que vaya la cosa. Ahora mismo, aunque me gusta mucho tocar en banda, me siento muy cómoda en el formato acústico.

LK: Son formatos muy diferentes, pero también son momentos existenciales muy distintos…

CC: Si. Yo ahora toco la guitarra de una forma más o menos solvente. Antes la tocaba de un modo más precario, por acompañarme y poco más. Para hacer un dúo hay que tocar mejor.

LK: Sobre todo si tocas con alguien como Ernesto…

CC: Ernesto puede echarme muchos capotes y que se note menos lo mal o bien que toque yo. Pero si que ahora toco bastante mejor que hace unos años, y eso me da seguridad para presentar un proyecto acústico. Además, también es más fácil de mover, porque dos personas se pueden desplazar con más facilidad. Incluso los caches mejoran, porque si hay 300€ no es lo mismo entre dos que entre cuatro. Estaba cansada de locales de ensayo mal ventilados en los que te asas en verano y te mueres de frio en invierno. Ya no estoy para eso. Ensayamos en casa, tengo un equipo montado con el que no molestamos a nadie porque el sonido va por cascos. Y a nuestra marcha…



LK: Y mientras tanto has seguido sacando discos. En 2004, en 2005, en 2014 y el más reciente, “Low Fidelity” en 2021, con todo lo de la pandemia.

CC: Ese lo grabamos aquí en el bar, en directo y sin público en plena época pandémica. Solo podíamos estar tres personas, uno en cada punta y todos con mascarillas. Yo cuando tenía que cantarme la bajaba y cuando no, me la subía. Esto surgió porque tengo intención de grabar un nuevo disco en estudio, con canciones mías, pero nunca coinciden el momento y la pasta, porque los estudios son caros. Pero a mi me apetece hacerlo bien. Si, puedes grabarte en casa y queda muy apañado, pero me apetece sacar una buena producción y, como nunca tengo dinero ahorrado para esto pues decidimos grabar el repertorio que tenemos Ernesto y yo de versiones y alguna canción mía en acústico de una forma sencilla y que costara poco para venderlo y, una vez recuperados los gastos, reinvertir el dinero en pagar el estudio.

LK: ¿Es diferente grabar discos como grupo, solista y dúo?

CC: Bueno, es que cuando éramos más jóvenes, en la primera formación en la que entré, estábamos muy volcados, y ensayábamos tres días a la semana, echando las horas que hicieran falta. Y si los fines de semana nos teníamos que quedar grabando con el primer ordenador que nos compramos para eso y sin salir por ahí, pues lo hacíamos. Nos podíamos tomar unas cervezas, pero mientras grabábamos, mezclábamos y disfrutábamos lo que hacíamos. Nos parecía magia poder hacerlo con ordenador en vez de con un grabador de pistas, que era lo que se usaba antes. Hacíamos mil pruebas… Teníamos más concepto de grupo. Luego, aparte de grabar como solista, en los “Brandi Rippers” seguíamos siendo banda pero yo no permitía opciones, se tocaba lo que yo decidía. Al final, la diferencia entre grupo o solista es que el consenso solo lo tienes contigo misma. Como dúo lo grabamos así por las circunstancias.

LK: Vuestro bar, “El Corazón Verde”, es la sala de conciertos del barrio de Torrero.

CC: Si, en Torrero no hay ninguno más. De hecho, es anecdótico que esté aquí.

LK: ¿Ha sido difícil montar un local de este tipo aquí?

CC: Mucho. Muy difícil. Pero siempre hemos confiado en nuestro criterio musical y no nos hemos salido nunca de allí. Creo que hemos conseguido tener buena reputación en la programación musical y mucha credibilidad en muchos entornos. La gente viene hasta aquí de propio para los conciertos. En invierno aquí hay cuatro gatos, pero cuando hay algo programado la gente suele responder. Hemos ido abarcando cada vez más margen de acción. Comenzamos programando mucho blues, sobre todo de Cataluña, porque siempre ha habido mucha tradición de estos estilos. Allí está la mayor escuela de blues y el aula de Jazz. Hicimos mucha amistad con ellos; han venido muchas veces aquí: Los “Suitcase Brothers”, Rob Stone, “Wax and Boggie”, “Johnny Big Stone”, “Sweet Marta and Blue Workers”, Blas Picon… También hicimos alguna incursión al rock clásico. También viene a veces Xabi Malacara (Malacara Blues Band), que mezcla lo crooner con el blues y el rock de los 50. A raíz de estos contactos ha ido viniendo artistas internacionales de altísimo nivel. Hace poco estuvo Scarlett Rivera, que fue la violinista que acompañó a Bob Dylan en toda la “Rolling Thunder Revue” y la que grabó todas las líneas de violín del “Desire”, uno de los discos más emblemáticos de Dylan y que no sería el mismo sin ese sonido. Últimamente están viniendo figurones…

LK: Y no solo habéis programado a grandes. También habéis acogido cosas más pequeñas, más íntimas. Aquí se ha podido escuchar desde música clásica a cantautores. Incluso vimos un dúo acústico cuyas letras eran mantras de yoga…

CC: A mí no me gusta el concepto que tenemos en España de cantautor. Suelo distinguir esa idea de la expresión americana “Singer Songwritter”. El matiz es pequeño pero importante. Aquí parece que el cantautor tiene que ser un tristón y debe hablar de la política previa a la transición.

LK: Como artista y llevando un bar de conciertos ¿Cómo vivisteis vosotras la pandemia?

CC: Me sabe mal decirlo, pero yo disfruté el encierro. Por suerte teníamos los pagos al día y no sentíamos ninguna espada de Damocles pendiendo sobre nosotras. Además pudimos gestionar los papeleos en los dos o tres primeros días de encierro y nos concedieron el subsidio de autónomos sin ninguna objeción. Lo siguiente fue descansar y disfrutar del ocio. Llevamos aquí 12 años con muy pocas vacaciones así que parar de golpe 2 meses y medio fue algo bueno a pesar de la zozobra de lo que estaba pasando y de la preocupación por los más cercanos y por la situación mundial, que era para echarse a temblar. No sentía que fuera el fin del mundo, porque la humanidad ha pasado cíclicamente por estas cosas. Lo que si fue distinto es que todos los Estados tomaron medidas, por lo que lo que nos tocó vivir se pudo, más o menos, controlar y se pudo sostener la economía, aunque hubo mucha gente damnificada. Nosotras, como te digo, tuvimos suerte. Además, al no tener hijos, no tuvimos que preocuparnos de cómo les iba a afectar todo.

 


 

LK: En cuanto las restricciones lo permitieron, volvisteis a programar conciertos.

CC: Fuimos las primeras en la ciudad. Eso sí, con unas medidas muy estrictas. Hacíamos conciertos de dos pases para 25 personas. Eso significaba un sobreesfuerzo para los artistas, que iban a cobrar lo mismo pero tenían que tocar el doble. Fue una propuesta que les hicimos a los músicos con los que ya habíamos trabajado otras veces y que necesitaban volver a trabajar. En seguida nos llegaron correos para volver a tocar, pero priorizamos a los que se dedicaban solo a la música. A los que comen de esto. Además los artistas suelen tener muy pocas garantías sociales, porque hay muy pocos músicos que se preocupen de llevar las cosas legalmente, de darse de alta en autónomos, de preocuparse por cotizar, de hacer facturas… Voy a aprovechar para hacer un llamamiento a los artistas para que cuiden sus espaldas

LK: Supongo que si eres semiprofesional dependería de la cantidad de bolos que fueras a tener y de lo que cobres en el otro trabajo. Si pretendes ser profesional, es complicado, pero se puede hacer legalmente…

CC: Hay herramientas para ello. Desde luego deberían darse más facilidades, desde Hacienda, Seguridad Social… En otros países europeos lo tienen más fácil. Tienen incluso reconocida la baja artística, Cada x número de bolos tienes contemplados dos meses de parón artístico para crear, preparar, planificar… Vamos, todo el trabajo que no es salir a realizar un bolo. Yo aquí iría por la estimación directa. En lugar de que los artistas tengan que pagar una cuota fija, que sea en función de los ingresos de ese mes.

LK: Suele pensarse que lo artístico es solo ocio. Ni siquiera se considera que alguien tiene que trabajar para crear ese ocio.

CC: Creo, como consumidora de arte, que nadie deja de comer por disfrutarlo. Viéndolo así, claro que es ocio. Pero de un tipo que no tiene nada que ver con cogerte un colocón de calimocho. Tiene que ver con alimentar el alma y el cerebro.

LK: Hay una serie de preguntas que hago a todos los que entrevisto. La primera sería cómo sientes tú, en esta época de todo fácil, bonito e inmediato, el tema de la música, tanto para el creador como para el consumidor.

CC: Ha cambiado el modo de consumir la música, el cine, las series… Los libros no, porque aún tienes que sentarte a leerlos, aunque aún así se han visto afectados… Ahora tenemos audiolibros, que los veo bien para gente muy mayor o si vas de viaje y estas conduciendo, pero no entiendo que gente de nuestra edad se siente para escuchar un audiolibro. Aunque esa es una opinión personal y un tema distinto. La inmediatez ha cambiado el paradigma de la producción artística, creo que el consumidor profundiza menos y no se valora del mismo modo que antes. Antes teníamos que esperar para comprar un vinilo, y ese disco lo machacábamos hasta que se rallaba, nos aprendíamos las canciones de memoria, teníamos nuestra favorita y la poníamos 8000 veces, hacíamos nuestras compilaciones de cintas que grababas con todo el amor para tus amigos.

LK: Y no te digo ya si era para alguien que te gustaba…

CC: Creo que se le sacaba mucho más jugo a todo, pero no podemos quedarnos anclados en ese recuerdo. Para los que lo vivimos está muy bien, pero no puedes exigir a la gente de ahora que esa era nuestra forma y que es la buena… Aunque lo pensemos. Yo creo que es la buena, porque es cuando haces realmente aprecio a la obra. Y al artista le cuesta lo mismo crear ahora que en 1972

LK: Es una opinión personal, pero creo que antes había una mayor calidad. Actualmente la música comercial suena muy parecida, y lo que no es comercial parece que lo entierran.

CC: Antes, incluso en las emisoras de radio más apestosas de los 80 y 90, te sonaban un mínimo de canciones buenas y de diferentes estilos cada hora. En los 40 principales te podía sonar “Black Velvet” de Alannah Myles junto a una de “Mecano”, que ya me dirás tú que tienen que ver. Ahora no tengo esa sensación, ya casi no consumo radio. Las últimas veces que lo he intentado es que me ha dado igual. La gente que había en sitios como Radio3 se han jubilado, y, a pesar de que eran los de siempre, estaban bastante en vanguardia, porque eran gente muy inquieta que buscaban siempre nuevo material. Producto ha habido siempre, solo que ahora se controla más desde casa. Por eso salen los artistas que salen, que hacen el género que hacen porque tampoco tienen dotes para hacer ningún otro. No sé si es algo generacional o no, pero no le veo la gracia por ningún lado y prefiero otras cosas. Como te he dicho antes, en otros países hay una industria musical, de conciertos, de festivales… centradas en otros géneros y que funcionan muy bien. En España también hay, pero creo que este año ha habido mucha crisis en los festivales. Ha habido un debate bastante intenso, porque han pinchado varios, como el “Primavera Sound”, aunque creo que se debe a que hay una sobreoferta. Este verano, en Aragón ha habido muchísimos y se pisaban entre ellos. Terminaba uno y empezaba dos días antes otro. No hay público para todo eso, hay que medir las fuerzas también…

LK: El que ha tenido mucho éxito es el de Rock y Heavy de Madrid

CC: Es que los heavys son un público muy fiel...

LK: Y si ya llevas a Rammstein, por ejemplo… Otra pregunta ¿Qué les dirías a quienes cogen la guitarra del Guitar Hero y ya creen que pueden estar con los “AC-DC”?

CC: Que el día que se pongan de verdad a tocar se darán cuenta de que no. (Se rie) Me alegro de que se lo pasen bien en casa. No lo he probado nunca, pero seguro que engancha.

LK: ¿Crees que eso va de la mano con creer que son máquinas y que valen para todo?

CC: Si. Sin querer meterme en política te digo que es un enorme síntoma del neoliberalismo. Creer que eres la ostia, que tienes derecho a todo y que eres mejor en todo…Yo proyecto y el universo me da… Quiero ser un superguitarrista y solo cojo el Guitar Hero y con eso lo voy a petar… Te crees que eres especial y único y eso es lo que te enseña el capitalismo. Luego está la realidad. Es como decir “Que bien nado, quiero ir a las olimpiadas” y te pones a nadar con los profesionales. En ese momento es cuando ves que nadas bien… en la piscina de tu barrio.

LK: Dime un disco para llevarte a una isla desierta.

CC: ¿Solo uno? (se rie)

LK: Te dejo un disco y una peli.

CC: El disco “Blood on the Tracks”, de Bob Dylan. Y de película… (Se lo piensa y se ríe con ganas) habrá que llevarse la trilogía de “El Padrino”. Estaría mal llevarme otra.

LK: Un consejo para quienes quieren meterse en el mundo de la música.

CC: Poco consejo les puedo dar yo con mi estelar carrera (se ríe). Que lo disfruten. Que lo disfruten sin pretensiones. Llegar a algo es complicado y no siempre depende de tu talento y tu tesón. También están los golpes de suerte y el estar en el sitio y momento adecuados. Ahora ya no se trata tanto con las discográficas, puedes hacer los discos en tu casa. Muchos artistas ya no sacan discos enteros, te sacan una canción, la ponen en internet y a los dos o tres meses te sacan otra. Hacen bien, porque ahora casi nunca se escucha un disco entero, excepto si eres un melómano o muy fan. Ahora hay otras vías, que yo no controlo porque soy de otra generación. No se si son más sanas o mejores, son distintas y la cuestión es que la gente que empieza busque la manera de hacerlo.


 




LK: Y para acabar, dinos como encontrarte a ti o al “Corazón Verde”

CC: Físicamente, que es lo que queremos, podéis encontrarnos en la orilla del Canal, detrás de la calle África y enfrente del Jardín de Invierno. En Facebook e Instagram estamos como El Corazón Verde Terraza Bar. En Twitter no estamos y Tik Tok descubrí el otro su existencia, y en la web tenemos siempre la información actualizada con toda la programación de cine y conciertos y los 11 años del “Ciclo de Cine de Terror”, por si no has visto esas pelis y las quieres ver en casa.

LK: Pues muchas gracias por este rato.

CC: Gracias a ti.

 

LADY KURONEKO

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