martes, 29 de diciembre de 2020

Croqueteando que es gerundio... Trabajo de suelo en danza.

 

Siempre he pensado que, junto con los equilibrios y las piruetas, el trabajo de suelo puede que sea una de las rutinas más divertidas, duras y complicadas que se pueden trabajar. No solo por lo complejo que es el hecho de cambiar correctamente de nivel (altura) o de lo exigente que es físicamente hablando.

Personalmente tuve la gran suerte de asistir a un curso intensivo de trabajo de suelo con Michelle Sorensen, una increíble y guapísima bailarina americana de Tribal Fussion (entre otros estilos en los que es igual de fantástica), alta no, altísima y con los abdominales más marcados que he visto en mi vida... Por aquel entonces yo había trabajado algo de suelo, sabía que me encantaba ese tipo de trabajo y creía que estaba preparada para hacer un curso con algo más de nivel. Nada más lejos de la realidad. Ese intensivo me demostró hasta qué punto se puede bailar sin ponerte de pie para nada y lo poco que sabía yo del tema.

Eso, y que era menos flexible y fuerte de lo que pensaba…

Acabé el intensivo completamente agotada, sintiendo que tenía (y aún tengo) mucho trabajo por delante, con un respeto 10 veces mayor por este tipo de rutinas y mucho más enamorada de ellas.

Toda una cura de humidad, la verdad. Solo me faltaba tener orejas y cola de perrito para poder salir de allí con las orejas gachas y la cola entre las piernas. Pero también salí con ganas de ponerme a trabajar, de llegar al nivel y de ponerme a trabajar para experimentar todo lo que se puede hacer en el suelo.

¿Y qué movimientos podemos hacer para bailar en el suelo? La respuesta es tan simple como sorprendente: De todo. Todo lo que se te ocurra y durante todo el tiempo que quieras. El único límite es tu imaginación… y tu capacidad física, claro.

Seguramente estés ya pensando en ponerte a probar posiciones, formas y transiciones, pero bailar en el suelo no es convertirse en una albóndiga que rueda de un lado a otro sin control. Hay cosas que han de tenerse en cuenta para no acabar lesionada, descontrolada y/o haciendo un desastre en una presentación.

Una de las primeras cosas es entender qué son los niveles. Los niveles son las alturas a las que trabajamos. Si estar de pie es un nivel, digamos 0, los equilibrios y los saltos serían un nivel alto, agachadas y estar de rodillas sería un intermedio y el suelo o estar muy próxim@ a él, un nivel bajo.

Cuando trabajamos en distintos niveles hay que prestar una especial atención a la posición. Si nuestro estilo tiene una postura básica, como pasa en la Danza Oriental o en el Tribal Fusión, y nos agachamos para trabajar en un nivel intermedio, corremos el riesgo de variar por inercia la colocación de nuestro cuerpo y ejecutemos mal los movimientos, o peor aún, que nos lesionemos.

Uno de los errores más sencillos es arquear la espalda cuando se está en una posición agachada. Esto suele darse porque trabajar un rato en esta postura manteniendo la espalda recta hace que los cuádriceps duelan (y mucho, pero mucho mucho) y, al arquear la espalda, rompemos el eje y les descargamos de parte del peso que están soportando. Hacer esto no solo lleva consigo que nos veamos francamente mal (mucho más cercanas a un gorila que a una bailarina, la verdad), también va a dificultar cualquier rutina que queramos realizar, nos va a fatigar muchísimo y vamos a acabar con la espalda gritando “¡piedad!”.

Lo siguiente es entender que para trabajar rutinas o secuencias de suelo la fuerza y la flexibilidad son fundamentales, debes fortalecer esos dos aspectos, tanto para calentar como para ser capaz de ejecutar los movimientos de forma precisa. Si tus brazos no son capaces de soportarte en la posición de plancha durante unos segundos ¿cómo pretendes que lo hagan en una secuencia de suelo? Si tu flexibilidad es muy limitada ¿crees que serás capaz de desplazarte con una cierta fluidez en una altura intermedia? Por suerte estos dos aspectos pueden trabajarse y mejorarse. Es cierto que puede ser algo muy costoso, pero también es muy gratificante observar poco a poco la mejora (y si, lo digo por experiencia propia).

A continuación, debes considerar si quieres trabajar con rodilleras. No suele ser obligatorio, aunque sí muy conveniente cuando se tiene algún tipo de lesión. En lo personal, no suelo utilizarlas, porque soy incapaz de notar los puntos de apoyo y las zonas a evitar si las llevo puestas.

Entrenar con rodilleras no es ninguna vergüenza, de hecho, muchísima gente, lesionada o no, entrena con ellas, pero hay que ser consciente de que, a menos que el vestuario que lleves en el escenario las disimule (o lo permita), tendrás que practicar también sin ellas. Si practicas con rodilleras, ve introduciendo poco a poco ensayos sin ellas, para que el día de la presentación no estés incómoda o te encuentres con variaciones inesperadas en tus apoyos y ejes. En el escenario no puedes hacer correcciones. En los ensayos, sí.

Uno de los pasos donde más se nota la diferencia entre llevarlas o no, es el giro sobre una rodilla. Para hacerlo sin ver tantas estrellas como para descubrir nuevas constelaciones, la rodilla debe estar colocada de forma muy, muy precisa. No estar en una posición perfecta provocará que el movimiento no solo no salga, si no también perdida de equilibrio, posiblemente una caída (que, aunque ya estés en el suelo, puede ser aparatosa por producirse en una posición extraña), moratones, inflamación de la articulación… Si practicas este giro con rodilleras puedes aprender muy bien la técnica con la que realizarlo, cosa a todas luces necesaria, pero será más difícil que sepas si la posición con la que estás realizándolo es la correcta. Eso solo lo puedes aprender practicándolo sin ellas, cuando ya domines la técnica.

Bien, si has tenido todo esto en cuenta, ¡ya puedes comenzar a trabajar! Y, para empezar, lo más recomendable es practicar lo primero de todo, las bajadas, también conocidas como “¿Cómo lo hago para cambiar de estar de pie a estar tirada en el suelo y que se vea bien?”

Existen muchos tipos de bajadas. Directas, girando, resbaladas, tipo desmayo, deslizadas, lentas, rápidas…

Escojas el modo que escojas, la bajada al suelo debe ser completamente controlada y fluida. Para que os hagáis una idea de cómo hacerlo, os voy a contar cómo funcionan algunas de ellas.

- Directa: Es la más simple. Busca la forma más sencilla que se te ocurra y por allí irán los tiros. Agacharse, arrodillarse, ponerse en cuclillas… son movimientos que sirven para bajar de nivel de una forma efectiva y rápida, pero precisamente por ello, deberás ser cuidados@ con la forma y la posición, ya que es muy fácil que se vean bruscos o que salgan descuidados.

- Girando: Divertido y complicado. Poco recomendable si tu técnica de giro no es realmente buena. Consiste básicamente en bajar el nivel progresivamente mientras se está dando vueltas. El modo más sencillo que conozco es hacer un giro simple y continuarlo con las rodillas pegadas una detrás de la otra. Como las piernas no pueden moverse, estas se “enrollan” y te llevan al suelo. Es importante bajar muy recto al hacer este paso, si el cuerpo se inclina, el riesgo de caída es muy alto.

- Resbalada:  Sencilla de comprender, algo más complicada de ejecutar bien y visualmente impresionante. Simplificando, la técnica consiste en apoyar la mano en el suelo, lejos, y lanzar el cuerpo en la misma dirección, dejándolo resbalar por el suelo hasta acabar tumbado. Es más fácil de ejecutar si se lleva un cierto impulso. Se usa bastante en contemporáneo.

- Deslizada:  Esta es de las más sencillas de ejecutar y de las primeras que se suelen aprender en Tribal Fussion. Consiste en cruzar una pierna por detrás de la otra y dejarla deslizar por el suelo. La pierna que soporta el peso del cuerpo se flexiona manteniéndose firme (puede apoyarse una mano en el suelo para ayudar a mantener el equilibrio). Cuando la pierna que se desliza está casi totalmente en el suelo el cuerpo se deja “caer” en el suelo.

Obviamente hay muchas más formas de bajada. Estas son solo una pequeña muestra.

A partir de aquí ya puedes empezar a preparar secuencias. En el trabajo de suelo el límite es únicamente tu imaginación, junto con tu fuerza y flexibilidad, claro.

En las secuencias que trabajes es importante tener claro el eje del movimiento, el apoyo que utilizas y la fuente del impulso.

El eje puede ser cualquier cosa, un brazo que nos ayude a rotar la posición, un hombro que nos ayude a salir de una posición de forma controlada, una pierna sobre la que girar. El eje también es la línea invisible que parte nuestro cuerpo en dos, Mantenerlo de forma correcta es lo que nos va a permitir mantener el equilibrio en suspensiones y giros.

El apoyo es el punto donde tienes el peso. Casi siempre será el mismo que el eje por donde vas a moverte, pero en realidad no tiene por qué. Tampoco tiene porqué ser un solo elemento. En una suspensión de suelo el apoyo serán los pies y una de las manos.

El impulso es desde donde nace el movimiento. Puede ser cualquier cosa, los empeines o los dedos de los pies si estas arrodillado, el antebrazo si estás en posición fetal… Es el elemento con el que vas a impulsarte para salir de una posición para ir a la siguiente. En la posición que hemos dicho antes el impulso estará en las caderas, que serán el motor que levantará el cuerpo del suelo

El impulso siempre ha de ser controlado, pero en el suelo este control ha de ser casi milimétrico. Un impulso excesivo o insuficiente puede provocar una lesión. Hay que tener en cuenta que, aunque intentemos realizar los movimientos de forma orgánica, las rutinas de suelo suelen ser movimientos complejos y poco naturales.

Lo que debe recordarse siempre es que trabajar el suelo es difícil, por lo que la paciencia es el factor más importante. Debes ser paciente para aumentar tu fuerza y flexibilidad, pero tendrás que serlo mucho más para aprender la técnica de cada movimiento y ser capaz de realizarlos correctamente. Hay que asumir que al principio no te van a salir, que pasará algún tiempo hasta que medio salgan. El orgullo y el ego van a protestar, y mucho. Pero si eres capaz de gestionar la frustración, podrás ver como poco a poco los movimientos van a salir cada vez más limpios, hasta poder realizarlos correctamente y de forma bonita. Es cuestión de paciencia y de disfrutar el camino.

KUROEVE TRIBALDANCE

No hay comentarios:

Publicar un comentario